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La alfabetización de los sentimientos

Posted by on 3 octubre, 2011

Antonio Pérez Esclarín

Durante mucho tiempo se propició una educación orientada casi exclusivamente al desarrollo de las competencias cognitivas. Se consideraba a una persona inteligente si sabía muchas cosas, si aprendía con rapidez, si “sacaba buenas notas” y triunfaba en el sistema educativo. La formación de la inteligencia suponía garantizar en los estudiantes las competencias de la alfabetización primaria y secundaria sobre todo en las  esferas lingüísticas, matemáticas  y científicas. 

En coherencia con esta idea, fueron multiplicándose las pruebas para medir el coeficiente intelectual pues se argumentaba que había una relación positiva entre el coeficiente intelectual de los alumnos y su rendimiento académico: los alumnos que más puntuación obtienen en los tests de coeficiente intelectual suelen ser lo que obtienen las mejores calificaciones en el sistema educativo. Esto llevó a una gran proliferación de pruebas fundamentalmente de comprensión linguística y pensamiento lógico, que incluso implementaron muchas universidades, como filtro de entrada, con la idea de seleccionar a los alumnos más inteligentes, que supuestamente responderían con eficacia a las exigencias de los estudios superiores.

Esta visión entró  en crisis: No siempre las personas consideradas inteligentes en el sistema educativo  son las que triunfan en sus carreras o son  capaces de llevar una vida ordenada, exitosa  y feliz. Muchos “cerebritos”, siempre primeros en los estudios,   fracasan en la vida real. La mera inteligencia, en el sentido restringido en que solía entenderse,  no facilita la felicidad ni con nuestra pareja, ni con nuestros hijos, ni que tengamos más y mejores amigos. Esto llevó a ampliar el significado de la inteligencia, a considerar que hay diversidad de inteligencias y, más recientemente,  a insistir en la necesidad esencial  de desarrollar la inteligencia emocional, la alfabetización de los sentimientos. Como dice Fernández Berrocal, “el profesor ideal de este nuevo siglo tendrá que ser capaz de enseñar la aritmética del corazón y la gramática de las relaciones sociales. Si la escuela y la administración asumen este reto, la convivencia en este milenio puede ser más fácil para todos”.

Educar bien nuestros sentimientos   nos hace  más libres, más valiosos, nos humaniza. Humanizar es fundamentalmente despertar el corazón, despertar  el propio mundo afectivo. Y el corazón sólo se despierta con los latidos de otro corazón. Sólo si uno se siente querido, podrá quererse y aprenderá a querer. De ahí la importancia de establecer relaciones cercanas, afectivas, en el proceso educativo.  Los que no han sido queridos, no se quieren y no saben querer. Por ello, se muestran inseguros, agresivos, violentos. Afortunadamente,  hoy se comienza a darle  más importancia al coeficiente emocional que al coeficiente intelectual. Algunos estudiosos del comportamiento humano, llegan a afirmar que el coeficiente intelectual o inteligencia como antes se la entendía, no contribuye en más del 25% al éxito global de una persona. La competencia técnica y la preparación contribuyen  a un 10-20%. Podemos sumar también algunos pocos puntos si contemplamos la suerte o las oportunidades como otros factores que intervienen, pero el elemento clave, el que más peso específico tiene, es sin duda, el coeficiente emocional, de un 60% a un 70%. 

Para triunfar en la vida personal o en la profesional, para poder ser auténticamente humano la inteligencia del corazón es más fundamental que nunca. Sólo el sentimiento humaniza a la persona.

  • Namont1965

    Muy alentador el énfasis que empieza a extenderse en distintas esferas fuera de la psicología, sobre la necesidad de la educación de los sentimientos (antes sólo reservada a la psicoterapia). La alfabetización de los sentimientos es fundamental en la prevención de la violencia y neceita ser incorporada a las estructuras curriculares de las escuelas de pedagogía del país.
    Nancy Montero (ong,s Proinfa y Centro de Investigaciones Gizeh)

  • Maria del Carmen

    Agradezco la reflecion. En el libro Valores del Benett se lee en el prologo : hay que alfabetizar el corazón y sencibilizar el conocimiento.