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Día del maestro: el derecho a educar en paz

Posted by on 13 enero, 2012

Luisa Pernalete

 En el Día del Maestro quiero pedir la garantía del “Derecho a educar en paz”, y no digo el regalo, porque eso sería pensar que es un favor y que el Estado y la sociedad se pueden lavar las manos en su deber de construir la convivencia pacífica. No es un regalo: es un derecho.

Para que se pueda educar en paz, los maestros necesitan dos elementos fundamentales: paz escolar y paz laboral.

Paz escolar, seguridad camino a la escuela y dentro de ella. “Me han atracado dos veces este mes, yendo al colegio”, me contó una maestra que trabaja en San Félix, ¿cómo se habrá sentido en su salón de clases esos días?; “sospecho que hay alumnos que traen navajas al plantel”, me dijo un profesor; “un alumno me pidió que guardara su arma, la carga para defenderse cuando sale del liceo. Me negué y pedí cambio. Así no podía trabajar”, me comentó un profesor de educación física; “Me metí a separar unos alumnos del colegio, que estaban peleando en la esquina. Al día siguiente, el padre de uno de ellos se presentó a mi oficina para decirme que dejara de su hijo arreglar los problemas a su manera”, me contó un docente en Ciudad Bolívar…. Y así, podía hacer un libro con las historias de violencia en las escuelas. Eso no está permitiendo ni enseñar en paz a los educadores ni aprender en paz a los alumnos.

No se trata sólo de navajas y armas de fuego, se trata de la cultura de la violencia metida en la escuela, se trata de la falta de claridad sobre la manera de abordar las faltas -e incluso conductas predelictivas-, se trata de entornos violentos que no permite ni a los niños, ni a los maestros, llegar o salir sin el temor de ser atracados o atacados. Se trata de la falta de herramientas ante un fenómeno que nos fue llegando sin darnos cuenta y para el cual, ni los padres y las madres, ni nosotros, los educadores, estamos preparados.

En segundo lugar, paz laboral, la garantía de un trabajo decente, justa y dignamente remunerado. Un docente no debería tener que preocuparse, ni mucho menos ocuparse, por la puntualidad de su quincena o de cualquier otro pago. El cerebro requiere de cierta serenidad para que fluya la creatividad, si está pensando en cómo irá a pagar el alquiler, o si no le alcanza para pagar el mercado, mucho menos para adquirir o repotenciar una computadora, por decir herramienta necesaria hoy para su trabajo, el cerebro creativo no funciona. Alguna vez escuché en una asamblea internacional de Fe y Alegría, que la sociedad tiene que ocuparse de sus maestros para que estos se puedan ocupar de los alumnos. Los educadores sabemos que esta profesión no da para volverse rico, pero debemos, al menos, aspirar a una seguridad laboral y a una remuneración y beneficios justos y dignos, ¿es mucho pedir?

Para poder educar en paz, los maestros – y las familias – deberían disponer de centros de orientación integral, con psicólogos, siquiatras, terapeutas, que puedan ayudar a prevenir y reducir comportamientos violentos, manejar el estrés laboral, en fin, adquirir herramientas para enfrentar los diferentes tipos de violencia escolar. También se requiere de Políticas Públicas no sólo para el abordaje de la violencia escolar, sino también para garantizar a los educadores su remuneración justa. ¡Me da dolor ver a maestros y maestras protestando! Tienen derecho a ello, pero el Estado y la sociedad son los que deberían velar para que los educadores dedicaran su tiempo a educar, a inventar, a ocuparse de sus alumnos.

Si yo fuera alcaldesa, o gobernadora, o ministra o presidente, esta garantía del derecho a educar en paz, la convertiría en mi prioridad en educación, y muchas cosas vendrían por añadidura.

 Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín – Fe y Alegría